sábado, mayo 20

Hay para olvidarles, perderles.

Por cada palabra extranjera o extraña exótica, porciones de hojas del discurso se pierden. De entintadas para el discurso en remolino se extravían.

 Se abren las de los edificios cortinas blancas. La cero penetración luminosa de los cubículos actorales escapan. Los bailarines somos en la de siempre comedia. Qué gracias, ninguna.

 Tanto hombres como mujeres somos meros actores. Los edificios y cada de luminosa ventana aceptan en fuego (luego explico) la premisa.

 Aceptan en fuego porque el material necesario no es ante verdades tan reveladas certeras.

 De carne solo queda la voluntad, los ligamentos al destino, los pies a la tierra o al barlovento en ceñida aerodinámica.

 Acostado las piernas son un avión,


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