lunes, septiembre 28

 Hablo de mi habitación.
 Pero ella es muchas y por eso hablaré en plural de la misma.
 
 
Todas mis habitaciones dan a tres habitaciones; a saber :
  
                                                     el mar, la familia, la nostalgia. 
 
 Entre ellas existen portales parecidos a los portales de los sueños*, es decir, para salir de una habitación y entrar a la otra, basta con atravesar por un lado el espacio y por el otro el tiempo.
   Todas las habitaciones tienen ventanas enormes que dan al mar. El mar no es una habitación en sí, pero para los fines descriptivos es más fácil entenderlas como una. Para llegar al mar se transpasa la ventana cumpliendo lo siguente: se desabrocha el reloj de su estante y se lo coloca en un lugar dónde las agujas no sean visibles, se cortan las babas que deja al relocarlo, y con un estruendo de relámpago se debe poder conseguir hacer arena sus agujas (repito que deben estar ocultas a la vista). Luego el tiempo, vuelto oblicuo,  translitera los espacios, nos arrebata la realidad actual y nos devuelve al mar, a la arena, a las olas, al muelles y a los acantilados.
 
Letras al mar y al arado: 
 
 El mar es el arado,
las olas penetran con el ruido desde épocas infinita,
su precencia es constante,
la luna las hace vibrar,
desde siempre.

La arena es piedra de corteza quebrada,
quebrada por el sonido vibrante de la eternidad.


 
  Todas las habitaciones tienen puertas de marcos azules (las ventanas tienen sus marcos azules). Por ellas llegamos a la familia, a los espacios comunes, al diálogo, a la discusión, a la civilización. Por ella vinimos de la vida, y marchamos a la suerte. Por ella nos hacemos hombres y a su vez bestias. No voy a hablar de como llegar: ya que todos sabemos. Dicen que, para no perderse, el reloj debe abrocharse en la muñeca o en el bolsillo. De hacerse lo primero, debe quedar un espacio de uno o dos dedos entre el abrojo y la muñeca.
 
  Todas las habitaciones, por último, tienen un estante robusto (la madera da la sensación: es madera oscura, veteada, pulida, más adelante quizás la describa con detalle) destinado únicamente al guardado de recuerdos. Un recuerdo no puede ser entendido de otro modo más que como un pedazo de algo (no lo puedo describir más que así) que dispara sobre la memoria actual un lazo de seda finísimo. El disparo tranforma el ahora ahora en construcción concreta y reforzada ( el mar puede { recordemos que el mar es eterno en la lógica -> ninguna construcción es eterna, sino que está predistinada a ser arena y perderse y marearse con el resto de las arenas } ) Este hilo de material bordó, tiene el encanto de poder arrancarnos un sentimiento y unas cuantas sensaciones, así como un lugar, un verbo, o un todo del pasado remoto o del ahora, (ahora que ya es pasado (pasado que ya es, tan remoto como cualquier pasado (pasado ****))) y dejarlo laxo, casi como material, reposado sobre el cuenco o sobre el borde afilado del paladar de los nervios sensores. 
La biblioteca enorme permite degustar hechos lejanos. Extraemos un libro, extraemos un recurdo ahora existente, ahora punzante, ahora curvo, ahora laxo, ahora interminable, ahora lacerante, ahora de acuarelas, ahora de sombras, ahora de máscaras. Es común encontrarse, apiladas también en dicho mueble, con ruinas de fantasmas atrapados a fuerza de tintas (y que luego la imprenta aplacó contra el papel) o a fuerza de haber rebanado la realidad palpable con una máquina fotográfica. Fácil es darse cuenta que esta habitación es rica en traslaciones. No de un modo complicado,  uno puede perderse dentro de ella y en breve dejar todo el espacio cubierto de charcos carmesí, hechos de seda anudada y entremezclada. Es de recomendar, por esto mencionado , portar con uno una navaja bien afilada, un trincheta o un bisturí por si la angustia, o algún tipo de sentimiento extenso, sublime o sobrecojedor nos arremete contra la cordura del ser.
 
  Todas las habitaciones, además, tienen una puerta especial que no nos traslada a otra habitación, sino a ella misma, es decir, al ahora. A ella sólo podemos atravezarla mediante el tiempo y de ella no podemos retornar. A través de ella nos desplazamos, no ya como los hilos de seda que hoy me llevan a vos, sino al triste momento.
 
 
*Los portales de los sueños los describo como la concatenición por yuxtaposición que existe a veces entre dos espación de un sueño conectados por una misma línea de eventos. Por ejemplo, podemos estar charlando de la luna roja: el primer argumento se da dentro de mi cama, y el segundo argumento se da sentados en un escalón de puerta ahí cerca de Hualfin. Aun existiendo el traslado temporal no le damos importancia en nuestro humor (y hasta me animo a decir que tampoco lo hacemos en la percepción).
 
****defino el pasado por recursión
 pasado x = pasado ( pasado x);

***** 9/28/2015 hoy no hay tristes momentos.

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