lunes, agosto 10

 Pasamos junto a los constructores. Los mismos han sido dados con la orden, orden no impuesta por sus superiores, jafes, o capataces, sino por el orgullo de estar saludandonos junto sus obras y con el abrazo fraternal de la nacion. Una vez terminada la obra y desaparecidos sus obreros (para continuar sus trabajos quizas en otros lugares), su obra impoluta, de hormigon incorruptible y eterno, tambien sera como un saludo de la humanidad, de la nacion, al individuo y su memoria. 
Porque la memoria es lo abstracto de la realidad que perdura en cada uno, pero tambien está la memoria colectiva de las construccioned y las cosas. No podriamos negar que las grandes y pequeñas cataratas en iguazu no son un saludo primordial de la naturaleza al manati, al tucan, a los loros y al tapir; pero tambien lo es hombre (éste es realmente quien lo entiende como saludo). Como tampoco podemos negar que el Pasaje Barolo, las construcciones federales, las estaciones de trenes (por nombrar unos pocos de infinitos) tambien lo son. Un saludo postumo a la humanidad.  
 Otras cuestiones como las convenciomes sociales, leyes y costumbres (nuevamente, sólo explicito unos pocos ejemplos) también lo son. Pero quiero destacar los grandes edificios y obras de arquitectura e ingenieria civil construidas para todos los hombres, desde epocas donde las personas no registraban eventos con el uso de la palabra, para todos sus sucedanios hasta el dia de la fecha y hasta un impredecible y (cualquier hacedor lo desearía así) infinito futuro. Esas obras, como los saludos de los obreros, nos saludas y festejan la existencia. Son tanto como abrazos de padres y madres, pero colectivos y dignos de respeto y orgullo.

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