viernes, septiembre 27

 Día a día las cosas van perdiendo el valor, se decoloran , se destiñen. El color de los objetos, de las paredes, de todo, se aleja hasta los vértices puntiagudos y finísimos de la realidad.Y de ellos empieza a emanar una baba espesa que los va cubriendo, que se escurre hacia un abismo desconocido, invisible,. es esta misma baba que se roba sus colores, así como las lágrimas también se roban la felicidad de los hombres y mujeres.
 Y digo que literalmente esto sucede, porque el mundo está en lo sensible humano más que en las piezas de papel que nos narran las estructuras del mundo. El mundo interno es el que gobierna al mundo externo. Es como un gran paladar, y como un gran bocado que deglute al mundo y se prende una luz cargada de significados dentro nuestro. Un luz que a veces lo muestra nítido, y otras como perdido en la neblina.

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