lunes, agosto 17


Los cientoveintcuatro pies son los ciento veinti cuatro pies.
También son un crimen.
Tan tristes, todos los tigres se tiran. Porque los puedo tirar. Y ustedes pueden ver.
Pueden ver a los tigres caer., y de sus molares desprenderse los pétalos bláncos que son como escamas de dientes y se clavan en el cielo como nubes.
Y los pastos extendiéndoce tras la arboleda cercana. Y los pájaros que cantan.
También se puede ver la noche, que tiñe todo lo visible, y todo lo invisible (siendo esto último los pensamientos de los hombres).
Y ya ver a los tigres tranformados en miedo, que evaden las vistas tras los árboles y acechan. Y muerden, lastiman y otorgan con su cetro la cruel muerte. La desparraman.
Son ellos y son ellos con su belleza.
Rápidamente, alguien descubre el minucioso teatro de las palabras.

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