lunes, abril 27


El mundo está hecho para marchitarse.

domingo, abril 26



Nos harán cenizas.

miércoles, abril 15

jueves, abril 9

Dictame un poco más.
Del remundo actual.

sábado, abril 4

Canción que dejó en brazos fríos talismanes.


No pude nunca dejar de evitar clavarte la muerte en el estómago de días.
No me hagas pan dorado en finas circunstancias.
Nunca deja de chirrearme, o titilarme el alma.
Tu presencia es escarlata, o quizás diamante de finos acertijos
hasta un alba de doradas puntillas, de estregones que gorgojan.
Cerca de la penumbra exhumada, cerca de un tesoro de pobres.
Me encontraste en aquel hangar vacío. Y me diste muerte.
Oh! Cuanta pena hubiese evitado de haberme enterrado,
Cuanto habrías salvado en mí, de haber colapsado completamente la estructura de piedra.
Y no dejándola como un amuleto vacio. Como faraones andando a la deriva.
Como ojos salpicados de estrellas. Como lechos vacios, donde ni el candor de la piel,
Donde ni el candor de la vida hace su efecto más primero.

Deja de entorpecer mi andar, yo. Déjame de mí mismo y vuela alto,
Hacia las latitudes donde era niño. Hacia los costados de mis años primero…
Donde la tortura sólo residía en sueños, donde el fuego no quemaba
Donde la penumbra eran víboras o colores de árboles desfalleciendo
En monstruos intangibles, en apariciones de gruesa sal.
En yo mismo.
Las ciudades están cayendo,

y un niño nace...

y los tallos siguen brotando,

y un niño nace...

las murallas ya van cediendo,

y un niño nace...

y las leyes están cambiando,

y un niño nace...

¿Por qué entonces tanto miedo,

y tanta huída en este mundo?

¿es qué nunca lo podrán saber?

Y las ciudades siguen cayendo,

y un niño nace...

y los barcos cambian su curso,

y un niño nace...

y las nubes están ardiendo,

y un niño nace...

las galaxias siguen su rumbo,

y un niño nace...

y tu amor me sigue esperando,

y un niño nace...

jueves, abril 2

Almendra.

Caida del cielo,
como un botón austero
que permanece sobre su sitio.
Un legajo de antiguos cajones,
de madera de álamo.
Hilos de antiquicima lana del paraguay.
Caja de plata.
Pastillas retraidas en papel
y una chapa vieja
con el nombre de su nieta
que hoy es mi madre.

Caida como un pétalo del malbón.
Sonata vacía
que cuando viro atrás
la escucho en el horizonte.
Amor que despertó
cerca de los arrabales.
De las quintas,
donde hoy fluye el semento,
o el petróleo compacto
y crecieron las casas
de chapas y ladrillos
y las conchillas se desprenden de los muros.
Ni las hiedras lograrán compacionar al tiempo.
Los muros sederán.
Y seremos mundo denuevo.

(Y seremos el karma de los antiguos
un viejo lago en el sur.
Una plaza vacía en invierno.
O quisas nuevamente pastillas,
acomodadas en las últimas estantería de un quisoco.
Lo único que capto es que volveremos.
Y el tiempo nos deshilachará nuevamente.)

muho